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Hoy es siempre todavía

¡ Nos vamos a Barcelona ! (III)
El viaje (36 horas)

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Nuestro viaje fugaz a Barcelona comenzó al alba. Cogimos la AP-7 y, bien guiado por "Martita" (menudo invento), Miguel Ángel no paró hasta el área de servicio de Sagunto, donde las hordas murcianistas no habían dejado ni un mísero donut. Decidimos volver al coche y parar en la siguiente, en la que también coincidimos con seguidores granas, aunque esta vez sí desayunamos. El viaje transcurría amenamente. La conver-sación giraba sobre temas deportivos la mayoría de ocasiones. Analizamos pormenorizadamente la situación de nuestro equipo, el presumible once inicial, la situación de nuestro rival, el Barça, lo que nos gustaría poder ver sobre el terreno de juego a Messi, Ronaldinho y el resto de figurines. Y también hablamos de ciclismo, de Valverde y los globeros ... 

Risas iniciales cuando José Luis cogió el coche ... Y en un visto y no visto estábamos entrando en la ciudad condal por el carril izquierdo de la autopista. No recorrimos ni un metro de más para llegar al hotel. Dejamos las maletas y nos dirigimos al centro de la ciudad, donde nos esperaba Enrique y familia (un saludo para Esperanza y Claudia). Paseando por la ciudad, nos dirigimos a una cafetería bastante céntrica en la que habíamos quedado con Valentín, repleta de gente, lo que motivó que nos dirigiéramos a QuQu, en pleno Paseo de Gracia, donde comimos.

Cerca de las cinco salimos del local para dirigirnos a las Ramblas, al Café de la Ópera, frente al majestuoso Liceo. Pasadas las seis y media de la tarde volvimos para coger el coche. Íbamos con el tiempo justo (el partido comenzaba a las ocho) y había que andar bastante. Del coche al hotel y del hotel al campo.

Después de nuestra estancia en el Nou Camp para presenciar el partido, que comentaremos otro día, visita relámpago a Badalona para dejar a la familia de Enrique y los amigos que asistieron con nosotros al choque, y vuelta a Barcelona. Unas cervezas y unos mojitos en el Gimlet acompañados de nuevo por Valentín y vuelta al hotel, después de vernos sometidos a un control policial, tras una larga e intensa jornada.

Por la mañana desayunamos en la cafetería descubierta por May en nuestra anterior visita a Barcelona, en julio del pasado año. Y carretera y manta, pues sólo paramos para comer. Esta vez la conversación giró sobre deporte, por supuesto, pero también hubo tiempo para hablar de ultraligeros, de navegadores e incluso de política. Y a las seis de la tarde, en casa, por lo menos yo, porque a Miguel Ángel y, sobre todo, a José Luis, les faltaba todavía un largo camino por recorrer.

En definitiva, 36 horas de intenso viaje que tardaremos bastante tiempo en olvidar. Gracias de nuevo a todos los que han hecho posible cumplir este sueño y a los que lo han hecho tan agradable.

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