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Hoy es siempre todavía

París - Día 4

París - Día 4

Nuestro penúltimo día en París no comenzaba con una excursión, lo que nos evitó los madrugones anteriores. Era nuestro primer día moviéndonos a nuestro aire por la ciudad y la agenda estaba repleta de lugares que visitar. Decidimos viajar en metro, posiblemente el modo más rápido para desplazarse. Sacamos un billete válido para todo el día para cada uno y nos adentramos en las entrañas de la ciudad en una estación próxima al hotel.

La primera parada era el Museo d’Orsay. Este soberbio edificio de Victor Laloux (origiralmente destinado por la compañía del ferrocarril Orléans a terminal) expone diferentes tipos de arte del periodo comprendido entre 1.848 y 1.914. La colección es impresionante, más bien se podría decir que abruma tanto arte junto. Y sobre todo para alguien de ciencias, que en cierta medida es como aquel "coleccionista de espectáculos" que sólo asiste a un estadio para presenciar un Real Madrid-F.C. Barcelona.

Por supuesto que uno no deja de impresionarse ante la gran cantidad de obras de Rodin que puedes admirar (sólo era el aperitivo de lo que vendría después) y, sobre todo, cuando en la planta superior te encuentras con la sala dedicada a Van Gogh (no creo que en muchos museos haya tantas obras de este genial pintor juntas), o a Cézanne, Degas, Manel, Matisse, Monet, Renoir, Toulouse-Lautrec, ...

Cuando tenía más tiempo libre encontré un pasatiempo en la construcción de puzzles y muchos de ellos eran reproducciones de grandes obras de arte. ¡Pues allí estaban todos los originales de mis rompecabezas juntos! Realmente increíble, incluso para un aficionadillo como yo.

Abandonamos el museo y nos dirigimos a pié al Museo Rodin, en el antiguo hôtel Biron, donde residió el escultor, donde pudimos admirar la mayoría de sus grandes obras: El Pensador, La Puerta del Infierno, Las tres Sombras, Balzac, El Beso, ... El Boulevard des Invalides separa el Museo Rodin del imponente Hôtel des Invalides, que da nombre a la zona, y no desaprovechamos la oportunidad de acercarnos a la Iglesia del Dôme, en cuya cripta yace Napoleón.

Se acercaba la hora de comer y decidimos volver al metro para trasladarnos a los Campos Elíseos para pasear entre el bullicio de gente. Subimos hasta el Arco del Triunfo y, después de la comida, decidimos realizar alguna compra en las Galeries Lafayette, muy cerca del hotel, permitiéndome el capricho de traerme el maillot amarillo de la ronda gala, próxima a comenzar, para cuando salga en bicicleta por la carretera de Barqueros (sin comentarios).

Descansamos un poco en el hotel y nos preparamos para nuestra excursión del día (no perdonamos una), que esta vez era nocturna. A las 19’45 horas debíamos estar en el Port de la Bourdonnais para embarcar (de nuevo) en un Bateaux Parisiens y pasear por el Sena, con cena incluida. El viaje en metro nos permitió pasear por los jardines del Trocadero, junto al Palacio de Chaillot.

Si las excursiones de días anteriores eran más que prescindibles, esta es un capricho que no puedes dejar de darte, sobre todo si te acompaña la persona más maravillosa del mundo, principal responsable de que estos cinco días sean inolvidables. El Sena, sus majestuosos puentes, los monumentos de París, la Torre Eiffel iluminada, la orquestra con cantante que te acompaña con famosas canciones francesas durante el crucero, ... Una noche inolvidable. Aquí reproducimos el menú de la cena, en el que coincidimos prácticamente en todo salvo el postre:

 


Entradas

Ancas de rana y morillas cocinadas a fuego lento, lechuga y hierbas tiernas en fina crema

Lomo de salmón ahumado, emulsión de aceite de oliva, crema de tarama

Foie gras de pato confitado, boletos marinados, pan con cereales

Langostinos “black tiger”, espárragos trigueros y Avruga

Segundo plato

Lubina, tomate confitado y níscalos, jugos de cocción a la cidronela

Filete de pato pequeño como una parrillada, frutas y verduras tempranas, condimento especiado

Pieza de buey “black Angus”, puré de patata con tomate y cebolletas, jugo aromatizado a la trufa

Suprema de pollo asado, barigoule de verduras al pisto, jugo de pimiento de Espelette

Postre

Tabla de quesos frescos y curados, panecillo con uvas pasas

Dulce al caramelo mantequilla salada sobre un ligero bizcocho de macarrón

Fresas y frambuesas en un jugo helado, sorbete fiordo, crujiente de azúcar

Tejo oro chocolate – guindas, jugo al aromatizado con amarena

Nougat helado, pistacho, fruta de la pasión

Bebidas

Aperitivo, Macon Fuissé, Fronsac

Agua mineral y café


 

Tras desembarcar regresamos al hotel en taxi, pero la preciosa noche de París invitaba al paseo.Llegamos a la Plaza de la Concordia, con su majestuoso obelisco, tras pasar por el famoso restaurante Maxim’s. Por desgracia, el retorno estaba próximo.

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1 comentario

Valentín -

Sin ánimo de generar polémica, si existen dudas sobre el postre yo me inclino por " la tabla de quesos frescos y curados con panecillo de uvas pasas", si hay un postre francés por excelencia es el queso. Respecto al entrante me apunto al anfibio anuro, respecto al segundo coincido plenamente..es que la trufa es un punto a su favor. Lógicamente entiendo que la decisión no era fácil y se estaba jugando en campo ajeno. La envidia sana dicen que no es mala....lo mío es un suspiro de resignación. Para que después digan que la gastronomía no es cultura.
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