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Hoy es siempre todavía

Londres (VI)

Londres (VI)

Tras salir de la abadía y hacer algunas compras nos dirigjmos a Houses of Parliament, las Casas del Parlamento, sede del gobierno del país en la que May quería entrar a toda costa (queda pendiente para la próxima visita, aunque antes habrá que conseguir un escaño en la Cámara de los Comunes...).

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Una llamada desde Murcia propició algún nubarrón sobre nuestras cabezas, pero todo quedó en un buen susto. Nada que no pueda arreglarse con un poquito de carmín...

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Reconstruído en gran parte en el siglo XIX tras un incendio, Victoria Tower (102 m de altura) se encuentra en un extremo y la torre del Big Ben (98 m de altura) en el otro.

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En el sentido más estricto, Big Ben es el nombre de la campana del reloj, de 13 toneldas, y no el de la torre. No está claro cómo surgió este nombre (puede que la campana se llamara así en honor al campeón de boxeo de pesos pesados Benjamin Caunt, o al inspector de obras, sir Benjamin Hall, que supervisó su instalación).

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Cruzamos Westminster bridge hasta la margen sur del Támesis para tener las mejores vistas. Actualmente este puente (construído en 1862) es uno de los treinta que cruzan el río, pero en 1750 era sólo el segundo, construido tras el London brigde.

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Tras cruzar el puente y hacer las fotos de rigor giramos a la izquierda y empezamos a pasear por la margen sur del río. Contemplamos Country Hall, antigua sede del Ayuntamiento de Londres, convertido hoy en un inmenso complejo de ocio que alberga el London Aquarium, el Dalí Universe, la Satachi Gallery y las taquillas de British Airways London Eye.

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Habíamos intentado reservar las entradas desde casa el fin de semana previo a nuestra marcha sin conseguirlo, aunque los rumores de las extrañas bajas de los controladores aéreos que circulaban por los medios de comunicación también nos habían enfriado bastante (más a mí que a May, que incluso quería entrada vip con copa de champán francés). De todas formas, intentamos acercarnos a la taquilla y, efectivamente, la inmensa cola y el tiempo que había pasado desde el desayuno nos convencieron de que también debería quedar para nuestra próxima visita (tendré que escribir un post al final sólo para recordar todo lo que nos quedamos sin ver en condiciones...)

El paseo por la orilla del río era muy agradable. El tiempo acompañaba (¿quién dice que Londres es una ciudad oscura y lluviosa?) Pero había que comer. Regresamos a la margen norte cruzando el Golden jubilee bridge, que desemboca en la moderna estación de Charing Cross, y subimos por Northumberland Avenue en dirección a Trafalgar Square.

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A pocos metros encontramos un coqueto italiano con muy buena pinta y un buen horno a pleno funcionamiento que nos terminó de convencer de que era hora de comer. Dimos cumplida cuenta de una Ensalada César con pollo, unos riquísimos spaguetti bolognesa y una sabrosísima pizza napolitana, bien regada con Peroni (en recuedo a nuestra primera noche en Roma) y San Pellegrino.

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Una buena comida, una grata compañía, un merecido descanso, un café (dejémoslo así, lo del cafe). Teníamos toda la tarde por delante y nuestro próximo destino, la National Gallery, a tiro de piedra.

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