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Hoy es siempre todavía

Roma (IV)

Roma (IV)

Iniciábamos nuestra segunda jornada en Roma. Excesivamente desayunados, con buen ánimo (qué remedio, con el palizón que nos esperaba ...) y perféctamente orientados en la ciudad, no dimos un paso de más para llegar a la basílica de San Pedro in Vinculis, eregida por Eudosia, hija de Teodosio el Joven, para conservar las cadenas de las cuáles se había servido Herodes para encadenar a San Pedro. 

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La verdad es que todo el mundo visita esta iglesia para ver el Moisés, la célebre estatua con la que Miguel Ángel llevó la escultura moderna al máximo de la magnificencia. Su imponente y majestuosa figura se destaca en el centro de la tumba del Papa Julio II, que le encargó al famoso artista su mausoleo. 

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A la salida nos dirigimos a uno de los mayores prodigios de la civilización romana: el Coliseo. De forma elíptica, medía en su diámetro más largo 187 metros y en el más corto 155. En el exterior había tres órdenes de arcos, sostenidos, respectivamente, por columnas dóricas, jónicas y corintias. El cuarto piso de los cuatro que consta, que tiene un muro en el exterior, lo añadió Alejandro Severo. 

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Si el Coliseo que ha llegado hasta nuestros días es una maravilla, el del año 80, cuando se terminó y estaba en la plenitud de su gloria, debería ser sencillamente impresionante, majestuoso, con sus mármoles y estatuas, sus muros, sus pórticos ...

Nos pudimos recrear en su historia pues para evitarnos la cola de entrada adquirimos unas audioguías que nos contaban los aspectos fundamentales de su construcción y estructura. También aprovechamos para hacer algunas fotos de esas de "middle for the body and the rest for the building" que nos acompañaron durante todo el día. Aquí podéis contemplar dos de los mejores ejemplos (no serán las únicas):

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Tras salir del Coliseo nos dirigimos a un collado histórico romano, el Palatino, que se asoma sobre el Foro. Fue la cuna de Roma pues aquí se fundó la primera urbe cuadrada y la residencia de los reyes. Salvo el Estadio de Domiciano, la casa de Livia y el Palacio de los Flavios, cuesta imaginarse el conjunto de domus que en otros tiempos ocuparon esta colina. 

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Más tarde, accedimos al Foro Romano, centro de la vida civil y económica de Roma en la época republicana, a través del Arco de Tito, que el Senado levantó después de la muerte del emperador, como recuerdo de la conquista de Jerusalén. Caminamos por la Vía Sacra contemplando los restos de la inmensa Basílica de Majencio, llamada también de Constantino, el Templete redondo de Rómulo, el Templo de Venus y Roma y el de Vesta.

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Todavía nos quedaba por contemplar parte de este impresionante conjunto monumental. Observábamos ávidos las guías deseosos de conocer la historia del suelo que pisábamos en esos momentos. 

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La Basílica Julia, el Templo de Saturno, la Columna de Foca, última memoria clásica del Foro y el imponente y rico hasta parecer recargado Arco de Septimio Severo, levandado en honor de Septimio y de sus dos hijos Caracalla y Geta, fueron pasando uno a uno ante nuestra vista. 

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A la salida del foro nos esperaba el Capitolio, dedicado en el pasado a los dioses de Roma y meta de las entradas triunfales de los generales victoriosos, hoy sede del ayuntamiento de Roma. La plaza del Capitolio fue diseñada por Miguel Ángel para el Papa Pablo III. El Palacio Senatorio, al fono de la palza, fue construido sobre las antiguas ruinas del Tabularium. Salimos de la plaza por la impresionante y magnífica escalera, llamada COrdonata, realizada según los planos que Miguel Ángel ideó para la entrada triunfal del emperador Carlos V, en 1.536.  

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Se acercaba la hora de comer y reponer fuerzas de la intensa jornada matutina. Todavía tuvimos tiempo de contemplar el Teatro de Marcelo y atisbar la roca que se cree la Rupe Tarpea, desde lo alto de la cual fue despeñada la traidora Tarpea y, desde aquel día, todos los traidores de Roma. Nos asomamos sobre el Tíber y divisamos la Isla Tiberina, a la que accedimos a través del Puente Fabricio. El Puente Cestio nos permitió volver a la ciudad, al Trastevere. 

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Esta vez las chicas acertaron con el lugar para comer, un coqueto restaurante en el que degustamos una más que copiosa comida.

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